Desde hace varios meses no veo televisión. Afortunadamente, no es el resultado de una limitación física de mi parte o de haber perdido la visión o de un trastorno en mi contacto con la realidad.
Sí puedo concluir que las cosas y los eventos surgen porque hay condiciones para ello y esto resulta en efectos. Y un efecto inmediato de no tener el servicio privado de TV es que perdí la conexión a los más de 100 canales de televisión por cable y a las señales de los canales nacionales. Se acabó la BBC, el Food Network, Comedy Central, Discovery, TV Española, CNN, WAPA-TV y otros tantos canales.
¿Qué iba hacer ahora cuándo estuviese aburrido como una ostra? ¿Iría a la vecina a pedir un poco de televisión? Me imagino el diálogo: “Hola vecina, perdone la molestia” “¿Sí? ¿En que puedo ayudarle? (mirándome con el ceño fruncido por haberla interrumpido justo en el momento en que el galán de la telenovela confiesa su amor a la pobre empleada doméstica)” “Pues..., resulta que tengo un serio bajón de televisión y si usted fuera tan amable de permitir que yo me sentara en su sala, al menos una hora, sólo una hora. No importa lo que usted esté viendo. No haré comentarios ni le pediré nada de la cocina. “ “¿Queeeé? ¿Qué te metiste al cuerpo so %$#?=)0&?” [Puerta se cierra con un sonido equivalente a un trueno].
Sin el acceso a las señales mediáticas hubo una ruptura de conocimiento, un momento de iluminación. Brotó mi momento zen.
O, dicho de otro modo, vi la luz al final del tubo de la TV.
¿Para qué sintonizar tantos programas huecos, sin sentido, aburridos y noticieros llanos? ¿Para qué seguir tolerando el bombardeo de anuncios y anticipos de telenovelas con el mismo libreto recalentado, sexista y clasista, cuando hay tantas y tantas buenas películas y documentales? Aunque contadas son las veces, hay programas que merecen verse. Pero hasta donde alcanza mi experiencia televisiva – y como muchas otras personas, llevo años viendo televisión -- la mayoría de los noticiarios y programas hoy en día realmente no valen la pena.
Es posible que poca gente crea que ahora solo enciendo la TV para ver una película o un documental en DVD que yo he elegido. Me han preguntado si he visto tal o cual programa en tal o cual canal, y respondo que no, porque no veo televisión. Con mirada incrédula me dicen ¿Queeeeeé?.... ¿Que no ves televsiooón? Y paso a explicar, en forma abreviada, lo que ya expliqué antes.
Por opción, mi obsesión por el Internet ha crecido y su uso compulsivo se ha integrado a mi vida diaria. Tengo un temor, sin embargo. En un futuro no muy distante, cuando las tecnologías de comunicación a distancia estén integradas en un solo impulso de Internet, temo tener que echar a un lado esta opción por las mismas razones que he marginado la televisión de mi vida.
Pero por lo pronto, no voy a pensar en eso. Sigo alquilando DVD’s de películas y documentales para así descubrir y redescubrir narrativas, imaginar otras historias y satisfacer la mirada en otras imágenes. Con las 185 películas que tengo en lista he calculado que, al menos durante los próximos 2 años y 6 meses, estaré ocupado.
He sustituido una adicción por otra. Soy feliz.




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